Saboteadores en la Universidad Distrital

universidad distritalTodavía existe una cultura universitaria radical, ideológica, prehistórica e inculta; reacia a discutir, que prefiere la confrontación al diálogo, la aclamación al argumento.

Autor: Guillermo García Parra
aule999@gmail.com – Twitter: @aule999
Artículo publicado originalmente en Demian Digital

 

El martes 4 de agosto se celebró en la Universidad Distrital el “Gran Foro sobre Educación”, el que fue organizado por la emisora LAUD 90.4 FM y en el que los candidatos a la Alcaldía de Bogotá analizaron los problemas de la educación pública. La emisora mencionada afirma en su sitio web que el foro fue un éxito, pero un incidente ocurrido me impide compartir tal apreciación.

universidad distrital

“Y sin pedir permiso, empezó a cantar ‘abajo, abajo, la farsa electoral. Arriba, arriba, la lucha popular’, desplegando un cartel bobalicón en que aparecían escritas las frases ‘este es el tamaño de la democracia burguesa” y “o se vota por los de arriba o se lucha con los de abajo’.”

El foro ya había comenzado y hablaba Ricardo García, director del instituto para la Pedagogía, la Paz y el Conflicto. Entonces, un grupo de menos de diez estudiantes entró violentamente, y, sin pedir permiso, empezó a cantar “abajo, abajo, la farsa electoral. Arriba, arriba, la lucha popular”, desplegando un cartel bobalicón en que aparecían escritas las frases “este es el tamaño de la democracia burguesa” y “o se vota por los de arriba o se lucha con los de abajo”. Los manifestantes lanzaron acusaciones contra los candidatos, la Universidad Distrital y la democracia. Los espectadores escucharon pacientemente hasta que el grupito terminó y se largó. García trató de continuar el foro, pero dos o tres estudiantes se robaron la palabra, pronunciándose en contra del “circo electoral” y oponiendo al sistema electoral una supuesta lucha popular para derrocar al “Estado burgués” y establecer un “Estado obrero y campesino”. Estos estudiantes, además, expusieron determinados problemas sociales que se presentan en el sector educativo y, como lo uno lleva a lo otro, terminaron hablando de cosas que nada tenían que ver con el tema del foro.

Se han civilizado. Los movimientos estudiantiles saboteaban los debates electorales que se celebran en la universidad pública por medio del boicot y la violencia física. En 1995, durante un debate que tuvo lugar en la Universidad Nacional de Colombia, un grupúsculo de agitadores irrumpió, le tiró excremento a Enrique Peñalosa, le quitó el micrófono a Antanas Mockus justo cuando este iba a hablar y produjo una trifulca bochornosa (en Bogotá Change, un documental que está disponible en Youtube, usted puede recordar aquella reyerta). Hoy los radicales interrumpen en los debates armados de pancartas y de rabia, cantan frenéticas consignas, insultan a todo el mundo y se largan. Sabotean pero no boicotean, si se me permite decirlo así. Sí, se han civilizado. Los saboteadores no se atreven a practicar la violencia física, aunque todo indica que les gustaría, y se contentan con la violencia simbólica.

Este incidente enseña que todavía hay en Bogotá (y en Colombia) una cultura universitaria pública radical, ideológica, prehistórica e inculta; una cultura que no respeta las autoridades legítimas y los reglamentos de las universidades públicas; una cultura reacia a discutir los proyectos diseñados para mejorar la calidad de la educación superior, y que, en cambio, se refugia en los eslóganes torpes, las mismas ideas que recitaba el marxismo radical en los años 60 y 70 y los prejuicios sociales; una cultura que prefiere la confrontación al diálogo, la aclamación al argumento, y que se resiste a evaluar el valor de verdad de sus ideas a la luz de las situaciones históricas. Esta cultura obstaculiza las iniciativas que buscan disminuir la brecha entre las universidades públicas y las privadas. Semejantes esfuerzos serán inútiles mientras existan en las universidades públicas grupúsculos que, como si estuvieran en su casa y no en instituciones que le pertenecen a la totalidad de los ciudadanos, las que tienen autoridades elegidas por instancias democráticas, se atrevan a hacer lo que les dé la gana. La insumisión estudiantil frente a las autoridades y las normas impide que en la universidad pública se desarrolle una verdadera cultura académica y se practique la evaluación objetiva e imparcial. Como los estudiantes no acatan las reglas, es difícil promover códigos de conducta, criterios de evaluación efectivos y aquellas prácticas de trabajo que caracterizan a las mejores universidades del mundo. Mientras que, por ejemplo, la Universidad de los Andes y la Universidad Externado de Colombia transmiten a sus estudiantes los hábitos de construcción y socialización del conocimiento que uno puede ver en las mejores universidades del Reino Unido y Estados Unidos, las universidades públicas colombianas están ancladas en la misma cultura prehistórica y acientífica (pero, eso sí, muy ideológica e intolerante) de hace cuarenta años.

Podría objetarme usted que los manifestantes que ocasionaron el incidente tienen ideas respetables. Eso puede ser cierto. También lo es que, comportándose como las S.A. de Hitler, dichos manifestantes venden como verdades científicas sofismas irracionales. No hay, realmente, contradicción alguna entre participar en el sistema electoral y luchar “por los de abajo”. Se puede poner en la agenda política los problemas de los subalternos (campesinos, obreros…) participando en los partidos políticos y movimientos sociales o eligiendo los mejores representantes entre los diversos candidatos que quieren ser elegidos. La contradicción mencionada es retórica. Igualmente torpe constituye pensar que la democracia colombiana es una “democracia burguesa”. El cambio constitucional de 1991 ha producido una proliferación de actores políticos que han identificado las injusticias que enfrentan los subalternos y han formulado las soluciones respectivas. En La Sociedad Abierta y sus Enemigos, Karl Popper explicó que gracias a la democracia liberal aparecieron los instrumentos que las sociedades occidentales emplean para proteger a los subalternos y mejorar sus vidas. La irracionalidad, el prejuicio y la incultura impiden que los saboteadores de la Universidad Distrital lo adviertan y lo comprendan.

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