Altos precios de los combustibles: otra consecuencia del estatismo colombiano

ASALTO-11

¿Cómo se explica que sobre una caída de más del 50% del precio del petróleo, la gasolina en Colombia solo haya disminuido en un 1% y de nuevo empiece la tendencia en el aumento de precio?

Autor: Julio César Mejía Director General de CLI

En días pasados, el Ministerio de Minas y Energía estipuló un aumento del precio de la gasolina de $135, y del Acpm de $32. Los incrementos comenzaron a regir a partir del primero de julio. Esta decisión, por segundo mes consecutivo, se debe, afirman los portavoces del Ministerio, a la tendencia creciente de los precios internacionales del petróleo y de los combustibles, así como al alza de la Tasa Representativa del Mercado del dólar (TRM). A pesar de una casi inexistente oposición al anuncio, es relevante preguntarse por qué, después de seis meses de continuas caídas, que ocasionaron el desplome de los precios internacionales del petróleo en más del 50%, el precio de la gasolina en Colombia apenas disminuyó en 1%.

Para empezar, puede decirse que la gasolina es uno de los productos más intervenidos en la economía del país. Por esto, como primer factor, se debe destacar que existen cuatro variables que determinan su alto precio: el ingreso al productor, los costos de transporte, los impuestos y los márgenes de ganancia de los agentes de la cadena. El ingreso al productor corresponde al valor que el gobierno le paga a los productores (Ecopetrol y otras petroleras) por galón de gasolina o ACPM y que representa cerca del 50% del precio total. En segundo lugar, se encuentran los pagos de Impuesto al Valor Agregado, Impuesto Global y Sobretasa, los cuales corresponden a alrededor del 30% del precio final. Por último, el pago a los distribuidores mayoristas y minoristas y los costos de transporte representan poco más del 20% del precio.

Ecopetrol

“Sumando el ingreso al productor (Ecopetrol) y los impuestos, tasas y sobre tasas, el Estado se queda con cerca del 80% del precio por cada galón que los ciudadanos compran”

Si se tiene en cuenta que la petrolera estatal, Ecopetrol, produce casi la totalidad del combustible que se consume en Colombia, se tiene entonces que, sumando el ingreso al productor y los impuestos, tasas y sobre tasas, el Estado se queda con cerca del 80% del precio por cada galón que los ciudadanos compran en las estaciones de servicio.

Pero esto no acaba ahí.

El segundo factor que incide en los altos precios de los combustibles es la fijación de precios como política estatal. A finales del año 2011, el Gobierno Nacional optó por reformar la fórmula para fijar el precio de la gasolina –sí, fijar precios como las economías más estatizadas- argumentando que de esta forma se reduciría el impacto de la volatilidad y se suavizarían los cambios abruptos en las subidas de precio del petróleo. Así, tal y como quedó establecido por la fórmula mencionada, por ningún motivo la variación del precio de la gasolina sería mayor al 1,5%, aun cuando el precio del barril de petróleo disminuya en porcentajes mayores al 50%.

¿Por qué entonces los colombianos sólo sufren las consecuencias negativas de las alzas de los precios internacionales pero nunca disfrutan de los beneficios de la caída de los mismos? La respuesta es clara, por culpa del gobierno que a través de los precios de la gasolina ha montado una estructura que saquea a los ciudadanos al menos por tres vías: la compra de gasolina a la petrolera estatal, los impuestos excesivos y las regulaciones asfixiantes que tratan al ciudadano como al peor enemigo del país.

Se tiene entonces que la fórmula ha sido diseñada para enriquecer las arcas del Estado a toda costa en detrimento del bienestar de los ciudadanos. Pero no hay que equivocarse, la solución para esta situación no consiste en buscar una nueva fórmula, al contrario, se trata de abolir por completo los controles de precios y reducir los impuestos sobre este bien para que las personas puedan beneficiarse de las bajas de los precios internacionales del petróleo. Es hora de aprender las lecciones valiosas que han dejado las consecuencias negativas de la fijación de precios, las regulaciones y la intervención estatal en otros países. Por ejemplo, un caso de estudio podría ser el de Estados Unidos, donde los controles de precio establecidos por el gobierno federal durante la crisis del petróleo en la década del 70, lejos de ayudar a los consumidores, trajeron como consecuencia que los estadounidenses sufrieran una disminución radical de la producción petrolera y como consecuencia, la aparición de largas filas para comprar una gasolina cada vez más escasa

Lo cierto es que la evidencia que prueba los efectos nocivos de las regulaciones es abundante, pues siempre que los políticos deciden intervenir los principales afectados son los ciudadanos en general. No obstante, aunque los políticos y la burocracia gozan de una pésima imagen, en Colombia parece que se quiere insistir en ver las regulaciones y los impuestos determinados por ellos como una solución y no como lo que realmente son: el origen de la mayoría de los problemas.

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