El mundo nunca ha estado mejor: crítica a las percepciones ahistóricas y erróneas de la desigualdad

Luego de rebatir el pesimismo tozudo de algunos, basado en concepciones distorcionadas sobre la desigualdad, es preciso preguntarse: ¿Acaso estamos peor que antes? ¿Todo es culpa del capitalismo? Las cifras indican que no. En ningún periodo de la historia el mundo ha alcanzado tanto progreso y prosperidad económica como lo ha sido durante los últimos 200 años. El siguiente gráfico refleja lo que muchos economistas e historiadores denominan el “palo de Hockey”, el cual ilustra la evolución de la renta per cápita real de los últimos 2000 años. Solo hasta 1800 se puede observar el despliegue de un crecimiento exponencial, a raíz de la convergencia entre dos factores: instituciones políticas y económicas incluyentes. Es la democratización de la actividad económica y política, la que permitió que millones de individuos salieran de la pobreza, y que los miles de millones que han nacido durante el proceso accedan a condiciones de vida mucho más formidables que nunca. No es fortuito que en 1800, el ingreso real promedio diario de un estadounidense fuera de US$3 (ajustado a dólares de 2008), mientras que hoy, ese ingreso supere los US$130.

 Aumento ingreso por continente

La desigualdad relativa que vemos hoy en día entre países es producto del vasto desarrollo que percibieron la mayoría de naciones de occidente (gracias al binomio institucional mencionado ut supra), frente al paupérrimo progreso (fomentado por una institucionalidad hostil a la libre empresa y a las relaciones de mercado) que han padecido tanto América Latina, África y Asia. Por ejemplo, en 1850 Noruega tenía la misma renta per cápita que Bangladesh. Hoy, la renta de Noruega es cien veces mayor a la de Bangladesh. Este tipo de desigualdad es culpa de las instituciones hostiles al libre mercado. ¿No es coincidencia que hasta finales del siglo XX, casi el 60% del mundo vivía en economías planificadas, renuentes a la liberalización? Otros tipos de desigualdad relativa, como la de la riqueza, se han visto mermadas a través del tiempo en países abiertos al mercado, como lo demuestra Juan Ramón Rallo. En el siguiente gráfico, se ve que en 1810 el 1% más rico de países como EEUU, Francia y Gran Bretaña concentraba grosso modo el 50% de la riqueza. Para 1910, se llegó a máximos históricos de concentración del 70%. Hoy en día, esta cifra se ha reducido a un 20-30% para los países mencionados. Recordemos, hoy es más difícil conservar una fortuna y son más los que reclaman una parte del pastel.Pobreza

La desigualdad en el ingreso también ha disminuido, desde los años 70, como lo demuestra Xavier Sala-i-Martin al afirmar que existe una relación inversa entre el crecimiento de la economía y la desigualdad. Según el economista, “las espectaculares tasas de crecimiento de China, India y el resto de Asia desde la década del setenta dieron lugar a que los ingresos de 3000 a 4000 millones de personas comenzaran a unirse a los de la OCDE.” No es fortuito que la población que vive bajo la línea de pobreza hoy, sea mucho menor a la de 1970. En líneas de pobreza de US$1, US$2 y US$3, han habido sendas reducciones del 50%, el 54% y el 47% para el año 2000. Partiendo de una línea de US$3, aproximadamente 400 millones de personas han salido de la pobreza, lo cual es interesante, pues la población se incrementado en 2000 millones desde 1970. El surgimiento de instituciones, por lo menos económicas, más incluyentes en el oriente y sur de Asia, les ha permitido reducir sus tasas de pobreza extrema en factores de 10 y 15 respectivamente, llegando a guarismos menores al 3%. Esta reducción de la pobreza y de la desigualdad de ingresos se aprecia en el siguiente gráfico. Hoy, la renta per cápita es mayor para millones de personas. Muchas más de las que habían en 1970.Distribución

En síntesis, los análisis actuales de la desigualdad incurren en un sinfín de errores de todo tipo, como confundir riqueza con renta o ignorar 200 años de historia, lo cual obnubila a la opinión pública y no le permite apreciar la realidad: la progresiva aparición de instituciones económicas y políticas incluyentes ha contribuido a reducir sustancialmente la pobreza y la desigualdad de todo tipo. La riqueza no se redistribuye coercitivamente, se crea. El mundo no cambia empobreciendo a los más ricos para satisfacer un indicador de desigualdad, sino permitiendo que los más pobres pelechen económicamente, lo cual ya se está logrando: la pobreza extrema (US$1 por día) en países en desarrollo en 1990 era del 47%. Para el año 2010 ya se había reducido a un 22%. Esto demuestra que será posible alcanzar el objetivo del milenio de la ONU, reducir la pobreza extrema a la mitad. El mundo nunca ha estado mejor.

Oxfam

Artículo escrito por: Juan David Torres
Estudiante de Economía, Pontificia Universidad Javeriana

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s