El mundo nunca ha estado mejor. Parte I

desigualdad

Crítica a las percepciones ahistóricas y erróneas de la desigualdad

¿Es la igualdad de ingresos en una nación sinónimo de prosperidad económica? La renta per cápita de Hong Kong (con un índice de Gini alrededor de 50) es de US$38,123, cifra que supera con creces la renta per cápita de Irak (US$6,862), de Bielorrusia (US$7,575), Ucrania (US$3,900) y Serbia (US$3,654), países cuyos coeficientes de Gini se encuentran por debajo de 30. Existen países bastante igualitarios como Cuba o Corea del Norte que poseen economías miserables. En contraposición, países sumamente desiguales como Chile y Uruguay han alcanzado altos niveles de renta durante los últimos años. No obstante, otros como Sudáfrica, Ruanda  y Bolivia, también desiguales, perciben rentas irrisorias. Lo anterior nos conduce a que no es posible establecer una relación convincente entre el coeficiente de Gini y el bienestar económico de un país.

Lo anterior demuestra que la existencia de desigualdad en ciertos países no es necesariamente negativa. Como buen economista, diría que depende: si es una desigualdad extrema, producto de la corrupción estatal y la falta de instituciones económicas incluyentes, es bastante preocupante. En las antípodas, si existe cierto grado de desigualdad, aunado a un proceso de creación de riqueza e innovación tecnológica, producto de instituciones económicas y políticas inclusivas (libre empresa y democracia liberal), no es perniciosa, siempre y cuando sea posible combatir la pobreza extrema. Este tipo de desigualdad se puede entender como una pobreza relativa. Por ejemplo, si en una sociedad alguien gana cien veces más que un trabajador que percibe una renta de US$8,000, existe pobreza relativa (en relación con quien devenga US$800,000). Sin embargo, en este caso no hay pobreza, pues el salario del trabajador es alto. A menos que seamos envidiosos, a nadie debería parecerle injusta esta situación.

Yoshiaki-Tsutsumi

El hombre más rico en 1987, Yoshiaki Tsutsumi, vio mermada su riqueza en términos reales en un 96% para el año 2006.

Lastimosamente, existe una enorme distorsión frente al segundo tipo de desigualdad, la pobreza relativa. La obsesión con reducir el índice de Gini ha inoculado en la población que es preciso arrebatarle a los que más tienen para “redistribuirlo equitativamente”. Se ha asumido equívocamente que los más holgados logran mantener e incrementar su patrimonio para siempre, dilatando así la brecha entre ricos y pobres. Este análisis es engañoso, como bien lo reconoce el economista Juan Ramón Rallo, pues las fortunas más grandes no corresponden siempre a las mismas personas a través del tiempo. Verbi gracia, el hombre más rico en 1987, Yoshiaki Tsutsumi, vio mermada su riqueza en términos reales en un 96% para el año 2006. Hoy son otros personajes quienes lo superan en patrimonio, los cuales muy probablemente en 30 años vean también reducidas sus fortunas. Inclusive, estudios de la Tax Foundation sugieren que el 50% de los millonarios entre 1999 y 2009 logró conservar sus fortunas por no más de un año. Solo el 5,6% llegó a conservarlas por nueve años. Ergo es espurio que sean los mismos los que poseen riqueza a través del tiempo. Además, hoy la gran movilidad social y el desarrollo de las clases medias permiten que más individuos acrecienten su patrimonio.

Otra distorsión se encuentra en en el agorero informe  de la fundación Oxfam, al afirmar que “En 2014, el 1% más rico poseía el 48% de la riqueza mundial, mientras que el 99% restante debía repartirse el 52%.” Sin embargo, para determinar la riqueza de una persona, Oxfam resta las deudas de los activos que poseen los individuos. De esta manera, como bien demuestra Vox, un granjero Chino con un patrimonio casi nulo pero sin deudas, sería más rico que un médico recién graduado, con un salario elevado pero con todo su crédito educativo encima. De igual manera, vemos cómo se ignora el capital humano en los cálculos de la riqueza, el cual en EEUU puede llegar a significar el 40% de la riqueza nacional.  Sucede también con la omisión de la economía informal, de los bienes muebles, de los miles de dólares que una persona recibe en pensiones a futuro y del valor económico de las prestaciones sociales del Estado. De contera, se mezclan peras con manzanas al calcular la desigualdad global a partir de la disparidad de ingresos en cada país. Esta disparidad por país es mucho menor a la cifra global que menciona Oxfam: el 1% en EEUU posee el 38% de la riqueza, el 23% en Gran Bretaña y el 24% en Canadá.

Numerosos análisis sobre la desigualdad en el mundo ignoran un sinfín de factores al plasmar sus conclusiones. Si bien en ciertos casos las desigualdades son alarmantes (en especial las creadas por el Estado), existe una enorme distorsión frente al coeficiente de Gini y la desigualdad en términos relativos. Igualmente, la mayoría de estos estudios prescinden de un análisis honesto del desarrollo económico y la reducción de la pobreza absoluta durante los últimos 200 años, lo cual abordaré en mi siguiente escrito, para demostrar que el mundo nunca ha estado mejor.

Artículo de: Juan David Torres
Estudiante de Ciencia Política y Economía dela Universidad Javeriana

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