El MOIR y la ignorancia cafetera (Tercera parte)

cafe

Por: Jorge Eduardo Castro

Indignado como estaba por la forma tan descarada e impúdica con la que se defendían los privilegios cuando fue el tiempo de las preguntas, le formulé y le hice unos comentarios a Sergio Fernández, la primera era precisamente sobre las ventajas comparativas. Después del evento me di cuenta que realmente él no es consciente de su confusión en el tema, pero en ese momento y después de ver cómo defendía el arancel arrocero porque “nuestros arroceros no son tan ricos como los arroceros extranjeros”, yo no tenía el talante bien acompasado, con todo y mi primera pregunta fue: “Si las ventajas comparativas no existen, ¿cómo fue que en Colombia se terminó produciendo café?”

Evadió mi respuesta argumentando que él era un experto en educación. Está bien, acepto que no sea su punto fuerte la historia económica, pero es que si había iniciado diciendo que el “modelo” de las ventajas comparativas había fracasado, lo mínimo era tener un bagaje solvente sobre el concepto. Como efectivamente el punto no quedó resuelto, Juan Pablo Fernández, asesor de Robledo, lo intentó retomar, pero su comentario fue sobre lo que había sucedido cuando López Pumarejo se había reunido con los dueños estadounidenses de las casas comerciales de café en los años cuarenta.

Y por supuesto que la respuesta de Juan Pablo Fernández fue peor que la elusión de Sergio Fernández, porque si bien las anécdotas históricas y la historia económica son importantes es clave articularlas con la teoría económica… especialmente cuándo se quiere hacer historia arrancando de la mitad de la historia. Claro, Juan Pablo Fernández sí mencionó algo antes del comentario anecdótico sobre las relaciones entre López Pumarejo y los comercializadores gringos, dijo que el modelo previo el del siglo XIX era “otra cosa”. Pero es que ese es el punto, esa “otra cosa” del siglo XIX, era el tema de mi pregunta, ¿Cómo fue que en Colombia se terminó produciendo café si las ventajas comparativas no existen?.. y esa pregunta no tiene respuesta… porque precisamente en Colombia el cultivo del café fue exitoso por las ventajas comparativas.

Para la época que quería señalar Juan Pablo Fernández como hito económico del café, con la reunión entre López Pumarejo y los gringos, Colombia ya había desarrollado su industria cafetera, vapores en el Magdalena, ferrocarriles en todo el país, gracias a que el territorio facilitaba la producción del café.. y el café tenía una muy buena demanda internacional.

Los cafeteros no emergieron a partir de una fuerte demanda nacional para ahí sí exportar el excedente al consumo internacional, emergieron conectados directamente a la demanda internacional aprovechando las ventajas comparativas del territorio nacional… mucho antes de López Pumarejo… de hecho el primero que vio el potencial del cultivo fue el mismo Arzobispo Virrey Caballero y Góngora en el siglo XVIII, es decir esa “otra cosa” como lo denominó Juan Pablo Fernández, venía incluso de antes.

Ventajas Comparativas y la física cuántica.

Una de las líneas de argumentación de los negacionistas de las “ventajas comparativas”, es el que presumen estas implican una estructura productiva asociada a la explotación de los recursos naturales y no a la producción de conocimiento. Una línea argumentativa, en donde quienes se dedican a los temas relacionados directamente con los recursos naturales del territorio, manifiestan que  mantiene en condiciones de pobreza, subdesarrollo y dependientes de aquellos que producen ciencia, tecnología y conocimiento. Implica para ellos que asumir las “ventajas comparativas” es lo mismo que admitir un futuro de dependencia e ignorancia.

En esa línea fue que Sergio Fernández enarbolaba su celular mientras decía que en Colombia se tenía que pensar en cómo producir más de ese tipo de bienes intensivos en tecnología, e incluso dedicar recursos para desarrollar la física cuántica y no terminar dependiendo de sectores como la minería.

juan jose elhuyar

Juan José Delhuyar

Ese fue otro comentario que me llenó de indignación y fue parte de otra pregunta, una que admito fue de muy mala leche de parte mía: “Dado que usted es experto en educación y está preocupado por el desarrollo intelectual nacional debería saber algo de la Expedición Botánica. ¿Sabe quién es Juan José Delhuyar?”.

Esa era “mala leche” de la más pura de mi parte, era la pregunta sobre la nota al pie de las fotocopias del parcial.. muy pocas personas saben en Colombia quién es Juan José Delhuyar. Y dentro de los “expertos” en educación poco se habla de retomar el sendero de la Expedición Botánica, algunos creen que eso se resuelve con una tarea de recoger “florecitas” y “hojitas” como actividad cuasi lúdica en los cursos de primaria. Por supuesto, mucho menos lo iba a saber alguien que está enfocado en que Colombia pueda” producir celulares e investigar sobre física cuántica”.

Mi pregunta iba no tanto a comprobar la ignorancia de Sergio Fernández sobre la Expedición Botánica como a recoger la relación entre minería e investigación química y física que tanto le parecía preocupar. Poco comprende Fernández de las necesidades intelectuales y científicas que exige la minería y las consecuencias para las demás ramas del saber de los logros que en este sector se cosechan.

El ejemplo de Delhuyar es claro, junto con su hermano descubrieron uno de los elementos de la tabla periódico a finales del siglo XVIII, es decir realizaban la física “cuántica” de la época, y lo lograron porque comprendían bien la química de los minerales a partir de su también impresionante experiencia con los asuntos mineros. De hecho Juan José Delhuyar fue el brazo derecho de Mutis en los temas de minería y geología y fue Director de las Minas de Mariquita, el mismo que descubrió el wolframio o tungsteno, vivió y murió en estas tierras como consecuencia de esa conexión que hay entre química, física y minería.. y no poco influyó en el espíritu intelectual de los “expedicionarios” de Mutis.

Pero si no basta el ejemplo cercano, hay que retomar otros como el de Marie Curie cuyos conocimientos en química y minería le permitieron avances en sus experimentos e investigaciones sobre la física de “altas energías” de su tiempo. O qué decir del mismo Alfred Nobel, que a partir de la invención de la dinamita una poderosa tecnología minera creó las bases para el sistema de premiación y reconocimiento de la ciencia a nivel global.

La comodidad intelectual del MOIR

Por supuesto si Sergio Fernández y Juan Pablo Fernández no han profundizado en conceptos tan básicos como el de “ventajas comparativas”, es en gran parte por la subcultura política intelectual e ideológica de la que forman parte y en la que se sienten cómodos. Tampoco necesitan comprender la teoría de la estructura de capital que explica las relaciones de innovación no solamente de cara a los consumidores sino entre sectores de la economía. Además, y por lo mismo sin comprender esas relaciones de innovación pueden asumir sin problemas desarrollos “endógenos” sin recurrir a la polinización intelectual que vía comercio se obtiene de las “ventajas comparativas” de otros sectores en otros territorios… como cuando a Aureliano lo llevaron a ver el hielo.

De hecho yo no tengo claro si la necesidad de evadir tercamente la ley de “ventajas comparativas” tiene que ver con mantener los intereses del status quo, buscar la homogénea “redistribución” de bienes heterogéneos o un complejo de inferioridad frente a saberes científicos y tecnológicos. Lo cierto es que en dos de los representantes más importantes del MOIR se ven confusiones impresionantes, que son esas confusiones comparativas. Juan Pablo Fernández prefería los monopolios nacionales frente a los monopolios globales,  cuando como bien le respondió Daniel Gomez Gaviria por el nivel de competencia a nivel global es imposible desarrollar monopolios. Y Sergio Fernández asumía que las ventajas comparativas pueden “fracasar” dado que son un “modelo” cuando fracasan los que pretenden que no son una realidad económica básica.

El síntoma lo resumió Javier Garay, el último panelista, profesor del Externado: “No son consistentes en las comparaciones que hacen”… pero quizás, si haya un elemento común entre defender con aranceles el arroz que no se produce con ventaja y promover la idea de producir con subsidios celulares sin que sea clara la ventaja… es la lógica de creer que negar las desventajas es lo mismo que desarrollar las ventajas.. y no!.

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Un comentario en “El MOIR y la ignorancia cafetera (Tercera parte)

  1. Por fin… Después de buscar infructuosamente durante varias semanas, alguien pone de manifiesto el conjunto de insensateces, sofismas, manipulaciones y mentiras que los señores del MOIR, en cabeza del senador Robledo, desde el congreso y la prensa y la academia, difunden sobre la agricultura nacional, el liberalismo y la internacionalización de la economía. Como bien lo señala el profesor Castro, el Moir quiere una economía “soberana” y “nacional” en la que los colombianos subvencionemos a los grandes gremios que, amangualados con el poder, han impedido que tengamos una verdadera sociedad competitiva.
    Comparto especialmente la idea de que la formación de los miembros del Moir es desastrosa. Por esta razón la opinión pública debería ser ver claramente sus horrores (que no errores) teóricos e interpretativos. Pero a diferencia de Europa y Estados Unidos, en Colombia tenemos un sistema educativo que no difunde adecuadamente el pensamiento liberal, y que lo reemplaza por eslóganes y prejuicios ideológicos y explicaciones ideológicas y fáciles de la historia.

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