Argumentos en pro y en contra del voto obligatorio

votoobligatorio

Por: Mateo Amaya 

En las elecciones políticas de este año, la tasa de abstención no significó ninguna sorpresa en comparación a como se ha mantenido desde hace más de 50 años. En las elecciónes para el Congreso de la República la abstención llegó al 50,76%, tasa media si se compara el abstencionismo histórico que vive el país; para la primera vuelta presidencial fue del 60% y para la segunda del 52%.

Colombia se ha caracterizado por estos grandes porcentajes de renuencia a la participación en la política; por esto no es la primera vez que se habla en el país sobre la posibilidad de instaurar el voto obligatorio, de la misma manera que la mayoría de los países latinoamericanos ha hecho. El voto obligatorio es una política en la que se destacan los gobiernos de América Latina: según la CIA, de los 26 países que han establecido esta norma, solo 8 países no pertenecen a esta área geográfica, incluyéndose entre ellos a Corea del Norte.

El problema que implica el abstencionismo es básicamente la legitimidad de las acciones de un gobierno elegido de manera democrática y la pertinencia del ciudadano a un régimen que aplica este sistema. Hagamos un simil con un salón de clases donde se les da a escoger a los estudiantes entre salir a excursión a Cartagena o Barranquilla. Sin embargo el día de la votación la mitad de los niños no se presentan, porque no están conformes con las dos únicas opciones. La decisión de ir a un lugar u otro, fue la elección de una mayoría de quienes votaron, pero una minoría del total de la población del salón de clases. ¿Es legítimo que una minoría decida por los otros a donde se van a dirigir, sea un viaje o el destino de un país?

Es este riesgo de ilegitimidad en el proceso democrático lo que los políticos buscan solucionar con el voto obligatorio. El debate se centra en si el voto es, además de un derecho un deber de obligatorio cumplimiento del ciudadano.

Esta opción se discutió al momento de la redacción de la Constitución y, como todos sabemos, no prosperó. Sin embargo, en la Carta se pueden leer frases como “el voto es un derecho y un deber ciudadano” y que se establece como un deber de los colombianos la participación “en la vida política, cívica y comunitaria del país”. De esta manera, es plausible que una reforma constitucional que implique el voto obligatorio sea aprobado por la Corte Constitucional. También, en el contexto actual, existe el ambiente más favorable para que sea aprobado: un partido opositor -Centro Democrático- acompaña la reforma constitucional, también el Partido Conservador ha manifestado su postura favorable a esta medida y prácticamente toda la bancada del Partido de la U ha firmado el proyecto.

Las posturas a favor de este proyecto mencionan que al volverlo obligatorio se estaría afianzando el carácter universal de esta participación periódica. José García Posada, columnista de El Colombiano, sostiene que la abstención lleva a que la democracia se sostenga por inercia, lo que lleva a que “se lucren los políticos mediocres, [que no buscan los] fines primordiales del bien común”, sino simplemente con los intereses, “si acaso”, de sus votantes.

Para él, el voto obligatorio mejoraría la democracia, es el clásico error de igualar la cantidad con la calidad. Cree que al estar todos obligados a votar se reduciría la tasa de personas que venden su voto (¿?). Por el contrario, el voto obligatorio solo obliga a que la persona opine; por quién lo haga no se encuentra en discusión (y si lo hace, indiscutiblemente estaríamos hablando de un régimen totalitarista… ni siquiera se podría publicar esta columna). Si la persona ya le toca manifestarse, ¿porqué se negaría de reportar un dinero extra al vender su voto? Silencio.

compravoto

Y es que puede servirse a la práctica como la prueba de que el voto obligatorio no trae lo que busca. Argentina, Bolivia o Brasil no pueden llamarse las grandes potencias económicas o de gran cultura democrática de voto responsable. Kitchner, su inflación y default económico; Rousseff, el decrecimiento de su economía; Morales y las hormonas de pollo (¿en serio puede considerarse una nación democráticamente responsable cuando elige como presidente a quien le parece revolucionario girar al revés las manecillas del reloj?)

Otro argumento que mencionan los ponentes de este proyecto: “El voto puede verse como la función cívica del ciudadano dentro del Estado, y aunque es una manifestación libre de la voluntad, también debe entenderse como una contribución al interés general.” De esta manera, se pretende que el voto no sea concebido como una decisión autónoma individual, sino que de su participación también implica una responsabilidad para con los demás de la sociedad.

¿A nivel político, qué puede considerarse más íntimo que el voto único e individual de cada persona? Se le obliga a todo nacional a que esté de acuerdo y legitime un proceso que puede no ser de sus afectos. ¿Quién dijo que todos la población debe estar de acuerdo con el régimen político en el que vive?

Por otro lado, quienes abogamos por el voto voluntario encontramos buenos argumentos desde la posición utilitaria y ética. El voto obligatorio llevaría a una elección política mucho más débil o mediocre por el motivo que los abstencionistas deciden desligarse del proceso por el simple motivo de que no les interesa este y/o desconocen quiénes son los candidatos que defienden sus intereses. “El beneficio de votar bien es casi nulo, pero el costo de votar bien es alto” menciona Alfredo Bullard, en el sentido que un solo voto tiene un efecto nulo en una democracia, pero informarse sobre el mejor candidato sí es un trabajo que cuesta tiempo. Así, votar a conciencia, al igual que el uso de la inteligencia y la imaginación, no es un proceso que se pueda dar bajo un marco coercitivo. Vota mal quien no tiene interés de hacerlo.

Otro argumento es que al implementar el voto obligatorio, las autoridades públicas rehuyen el problema de fondo y solo proponen soluciones efectistas. Existe una desidia ciudadana frente al escenario político: no se refleja en el Estado las decisiones que los ciudadanos toman en el proceso democrático. Entonces, la obligatoriedad, aunque conduzca a una mayor participación, no hará que esta sea de calidad. Se necesita, por el contrario, fortalecer el voto responsable, educar sobre su importancia e implementar reformas al régimen electoral que garantice la real representatividad de los elegidos, como son las circunscripciones regionales donde los votantes saben a ciencia cierta quién es, o son sus representantes.

Desde la perspectiva ética, se manifiesta que los elegidos (congresistas) no tienen legitimidad para decidir cuál es el bienestar público en todas las circunstancias y casos, sino por lo que fueron elegidos y para quienes fueron elegidos. ¿Es legítimo que políticos que fueron elegidos con abstenciones del 50%, obliguen, precisamente a esa población que no votó por ellos,que de ahora en adelante deben expresar su opinión política? Este caso trae un problema de representatividad: los representantes de quienes expresaron su voluntad política, estarían coaccionando a aquellos que no los eligieron; la democracia no es solo la decisión de la mayoría, sino el respeto al dicenso de la minoría.

Por último, si este proyecto no tiene marcha atrás y se convierte en una realidad, propongo que actuemos como ese excelente libro de Saramago, en el que la inmensa mayoría, inconforme como estamos nosotros, vota en blanco; las consecuencias son desestabilizadoras.

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