¿Se necesita una reforma tributaria?

Por Javier Garay

ESTATISMO

Esta semana se discutieron algunas materias del ante-proyecto de reforma tributaria que el gobierno nacional presentará al Congreso en los próximos días. Tal vez el punto que mayor atención atrajo fue el relacionado con la extensión del impuesto transitorio al patrimonio, que al parecer se convertirá en permanente, así como ya sucedió con el 4 por mil. No solo la extensión, sino la ampliación de la base de recaudo que se reduciría para incluir a las personas cuyo patrimonio superara los 750 millones de pesos, desde los 1000 anteriores y desde los 3000 que se contemplaron cuando se creó este impuesto durante el gobierno de Álvaro Uribe Vélez.

Debido a la prueba y error característica de este gobierno, reflejo de la improvisación, pero que se disfraza como capacidad de escuchar a la etérea “opinión pública”, el gobierno retrocedió en la ampliación de la base tributaria.

Tanto cuando se pensaba que la base serían los 750 millones como cuando se decidió mantener los 1000, las reacciones no se hicieron esperar.

De lado de la izquierda populista colombiana, el Polo Democrático, salió a criticar la propuesta. Como es común en sus postulados, argumentó, como siempre sin demostrarlo, que la reforma afectaría a la “clase media”. No obstante, esta reacción de los defensores de un modelo estatista cercano al del Socialismo del Siglo XXI en América es contradictoria con su ideología, por decir lo menos. Pretender que el Estado tenga más funciones y que se encargue de la provisión de múltiples servicios y bienes, como pretenden, requiere de una cantidad considerable de recursos.

Así, al Polo Democrático no le queda nada bien proponer un Estado gigantesco, sin defender, a su vez, una mayor recaudación, sin importar su fuente. Pero como la coherencia ni la rigurosidad son características de los líderes de este partido, su reacción era de esperarse.

Algo similar puede decirse de la reacción desde el otro lado del espectro. Los uribistas, aún enceguecidos por la “traición” que el presidente Juan Manuel Santos le hizo al líder de ese movimiento, Álvaro Uribe Vélez, criticaron de manera más vehemente la propuesta.

Ahora han resultado defensores, no solo de menos impuestos, sino también de un Estado austero. Aunque esa sea la retórica que utilizan, en la práctica, han demostrado su desapego frente a esos principios. No solo el gobierno de Álvaro Uribe adelantó programas intervencionistas y, en sus propias palabras, derrochadores, como Agro-Ingreso Seguro, sino que su ejercicio en el poder dejó de legado un déficit fiscal que aún pesa en las cuentas del Estado.

De igual manera, ser ahora los defensores de un Estado austero se contradice cuando se observan las propuestas de campaña del Centro Democrático para la presidencia.

Así, en el fondo, aunque exista algún tipo de discusión y de oposición a la propuesta del gobierno, la verdad es que todos discuten sobre quiénes deben pagar, cómo hacerlo y para qué utilizar los recursos. Pero ninguno cuestiona el por qué.

El Estado, como organización social, creada por los ciudadanos, tiene unas funciones específicas. Para ello, es claro, que los ciudadanos contribuyen parte de sus ingresos con el fin de ver cumplidas esas funciones. Tradicionalmente, dentro de ellas se encuentran la seguridad y la justicia, no solo como las más importantes sino como las aceptadas por todos los cuerpos ideológicos.

Pero lo que acá se está discutiendo es de la necesidad de incrementar los ingresos del Estado con el fin de cumplir con el eslogan de campaña del presidente Juan Manuel Santos: paz, educación e igualdad. Es decir, el hecho de haber sido elegido, además con serios cuestionamientos sobre la legitimidad de esa elección, no le abre la puerta al gobierno nacional para obligarnos a todos a financiar las ideas que los dirigentes consideran importantes para el país. El Estado no impone sus funciones a los ciudadanos. La cosa funciona al contrario.

Además, en Colombia, el pago de impuestos adolece de dos problemas. Por un lado, su complejidad hace que tanto las personas naturales como las jurídicas, paguen más de lo que aparece en las cifras oficiales. Por el otro, muchos de aquéllos que, en teoría, deberían pagar sus impuestos, evaden u omiten pagarlos.

El uno no se puede explicar sin el otro. Súmele a los dos la corrupción. A esto, se le debe incluir el factor de los incrementos en burocracia.

De esta manera, en lugar de quedarse en superficialidades sobre quién debe pagar o en qué usar los recursos; de que la discusión de algo con tanta incidencia sobre la calidad de vida de los individuos, como los impuestos, sea impulsada por la irracionalidad y las pasiones de los líderes políticos; de que el debate gire en torno a las diversas expresiones del estatismo; es necesario que en Colombia se presente una reforma tributaria que haga precisamente eso: reformar el sistema tributario.

Para ello, es necesario simplificar el sistema tributario y hacerlo más transparente tanto en los usos como en las fuentes. De igual manera, es necesario racionalizar las funciones que el Estado debe cumplir y, en el mismo sentido, hacer una reforma del número de funcionarios que deben existir. ¿La corrupción? Eso solo se soluciona cuando el Estado no sea el que controle recursos de manera autónoma ni que siempre exista la posibilidad de ampliarlos cuando quiera, a través de más impuestos o de endeudamiento.

Las anteriores son solo algunas ideas que es urgente comenzar a debatir en el país. El punto es que el pago de impuestos, aunque algo comprensible para el mantenimiento de una organización que se considera importante, siempre será un robo legalizado. El reto está en que ese robo no solo sea legalizado, sino legitimado.

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Un comentario en “¿Se necesita una reforma tributaria?

  1. En serio cree que los políticos van en contra de lo que los ciudadanos quieren? Y más que ciudadanos, todo lo que los grupos de interés que tienen REPRESENTATIVIDAD en el estado quieren, porque de eso se trata el mandato representativo y la democracia en sí. Ahora, no digo que los políticos sean unas almas de Dios, pero ellos piensan en los votos y estos votos se lo ponen las asociaciones de ciudadanos a las que sirven. Y si los mas pobres y la clase media tienen poca representación, pues es un problema mas complejo.

    Ahora, me parece curioso que el estado colombiano, taaaaan grande y tan poderoso como los libertarios lo pintan, no tenga control sobre todo su territorio, no pueda proveer los servicios basicos a gran parte de loa ciudadanos y sea incapaz de recaudar más del 15% de su PIB en impuestos.

    Ese verbo radical que ustedes predican no cuela, chico. Sigue intentantdo.

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